Sábado, 28 Noviembre 2015 23:00

A propósito de: "Los errores sobre el dinero que pueden costarle más caro"

Escrito por M. Oliver Heydorn
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traducido por Martin Ant - hispanismo.org

De acuerdo con la última edición de “Money Minute”, el Banco Real de Canadá ha descubierto que el 75% de los canadienses tienen dificultades en poder liberarse de las deudas de consumo y que, de media, deben 16.000 dólares por cabeza (sin incluir las deudas hipotecarias): https://ca.finance.yahoo.com/video/playlist/money-minute/costliest-money-mistakes-172856785.htm

¿La solución de acuerdo con Ashleigh Patterson? Los canadienses deben poner sus finanzas domésticas en orden: ¡deben empezar a ahorrar y parar de usar las tarjetas de crédito! ¡No vivan por encima de sus posibilidades! El ahorro les ayudará a prepararse para los costes inesperados o para las pérdidas/reducciones en el ingreso inesperadas, al mismo tiempo que el hecho de no tomar prestado sobre tarjetas de crédito les preservará de tener que pagar cargas de interés que erosionen sus ingresos en el futuro, lo cual intensificaría las dificultades en poder liberarse de la deuda en una fase posterior (10.000 dólares tomados prestados a un tipo estándar y compuesto del 18%, produciría al mes 49.693 dólares de interés durante un periodo de 10 años).

Lo que Patterson no parece darse cuenta o no quiere admitir es que si los canadienses tuvieran que poner sus finanzas domésticas en orden conforme a los lineamientos que ella sugiere, la economía se volvería incluso más anémica de lo que ya lo está al tiempo presente. Más y más gente ahorrando mayores sumas de ingreso, y menos y menos gente tomando prestado para comprar, reduciría la cantidad de poder adquisitivo del consumidor disponible para satisfacer los precios de los bienes y servicios puestos en el mercado. Si alguna otra entidad como el gobierno no interviniera inyectando más poder adquisitivo en la economía (incrementado su hipoteca, es decir, la deuda pública), una recesión, el aumento del paro y un aumento en las bancarrotas constituirían el inevitable resultado de una carencia de “confianza del consumidor”. Bajo el actual sistema económico, con su brecha estructural entre precios e ingresos, uno no puede exigir que ciertos actores económicos deban (o deberían) equilibrar sus presupuestos sin que al mismo tiempo se cause que otros actores económicos desequilibren los suyos, siempre que se pretenda mantener cualquier apariencia de equilibrio financiero.

La verdadera solución consiste en reconocer que hay una carencia de poder adquisitivo del consumidor, derivado de los ingresos del consumidor. Un sistema financiero que automáticamente reflejara los hechos económicos físicos proporcionaría una cantidad suficiente de poder adquisitivo del consumidor complementaria (libre de deuda, por así decirlo), en forma de un precio compensado y un Dividendo Nacional. Los consumidores podrían entonces consumir sin tener que caer en deuda por depender de las tarjetas de crédito, de las líneas de crédito, o de los préstamos bancarios normales, al mismo tiempo que los negocios no tendrían nunca que vérselas con una carencia de demanda del consumidor artificialmente inducida.

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